Fuerchte dich nicht.

En la Hora de la Muerte.

Potentilla Erecta.

Head in the Clouds. Most are bad.

El tamaño de la papa

Corrección

La luz perpetua

Zum idealen Himmel

L’ACCLIMATATION

The Story has to be told.

Wir hier oben.

M & M

 

 

 

 

Madre, Mami, Mama, Mamita, Mamacita, Madrecita.
2019, frottage, transparent paper, blue wax marker, 21.5 x 28 cm, framed in mapel varnished with beeswax, oliveoil & tree resin), 29 x 34 cm

 

La luz perpetua

Todas Mis Buenas Alma. & La Rueda de la Vida (Torture Wheel Family)
2019, framed in maple, varnished with creme (bees wax, oliveoil, resin), ribbon ,50 x 30 x 48 cm, 20 x 35 x 20 cm, Ø 40 x 30 cm
HD, color, sound, 11 min 50

 

La luz perpetua

La Rueda de la Vida (Torture Wheel Family)
2019, HD, color, sound, 11 min 50

 

Entradas Personales.
2019, paper, ribbon, found frame, 9 x 14 cm, publicactions
 
En la Hora de la Muerte.
 
2019, Biquini Wax EPS, Mexico City
Supported by: Land Tirol and Federal Chancellery - Austria
 

La rueda de la vida

 
Dime humana calavera:
¿Qué se hizo la carne aquella
que te dio hermosura bella
cual lirio de primavera
qué se hizo tu cabellera?
 
La Gran Miseria Humana
Gabriel Escorcia Gravini
(Poeta y leproso colombiano) 1892 – 1920
en la voz de Lisandro Meza (cantante vallenato) 1975, Discos Fuentes
 
Tengo 37 años y varios intentos de suicidio fallidos. Varios son más o menos tres o cuatro.
En el más dramático de todos terminé en una clínica y al despertar lo primero que vi
fue a mi madre consentirme el rostro con sus ojos sombríos. Me desperté amarrado con
sábanas a la camilla. El psicólogo de la clínica me preguntó qué quería hacer. Yo le dije
que quería irme a mi casa a trabajar.
 
Se conoce como Halsgerichtsordnung (Ley Laríngea, en una torpe traducción mía) a la
primera ley incluida en un código penal de países germano parlantes. Luego de confesión
obligatoria inducida incluso por tortura, la ley proponía el castigo de la fechoría y del
pecado con la rueda; el cuerpo del criminal era dispuesto sobre o alrededor de una
rueda de carreta que posteriormente se izaba mediante un mástil exhibiendo el cuerpo
moribundo del delincuente al cielo, para que en consonancia mitológica, los cuervos y
buitres lo devoraran. El Emperador Maximiliano I instauró tal reglamentación en el año
de 1499 dentro de lo que la historia política universal reconoce como el primer Reich,
y que más cristianamente, más familiarmente recordamos como Sacro Imperio Romano
Germánico. Podríamos considerar esta rueda como una forma ergonómica avanzada de
la crucifixión.
 
Margarethe Drexel, buena católica hija de la muerte, ha llegado a México descifrando
la caracterización tanática en el mundo, posiblemente de igual forma que el poeta
colombiano del gótico tropical Escorcia Gravini buscaba a los muertos por tener miedo
a los vivos. Nada nos causa más inquietudes durante nuestra pobre vida ansiosa que la
muerte misma. La obra de Drexel hace posible otear una filosofía mística mediante la
cual se aprende a morir, sugiriendo el baile de la muerte que nos desclasa, nos hace
a todos iguales y conscientes de nuestra vanidad. Su investigación comprende tanto
citaciones a la historia de la pintura medieval europea como relaciones académicas con la
iconoclastia accionista de posguerra vienesa.
 
Pero algo le llama la atención a Drexel, desde su ser tirolés regionalmente aislado de
as idiosincrasias mestizas: ¿Cómo es que nosotros (latinoamericanos cholos híbridos
biennacidos, digo yo) podemos nombrar la muerte con epítetos amorosos como mami,
mamita, mamacita? Es cierto y está escrito en piedra, nos referimos a la muerte como
nos referimos a nuestra amante. ¿Somos nosotros, hijos de la muerte de nuestros ante-
pasados y padres de los muertos del futuro, sobrevivientes del genocidio sistemático de
nuestros tristes pueblos cantantes, capaces de sobrellevar el baile macabro de nuestra
propia historia bastarda? La pregunta es tan forzada que ni siquiera arriesgo una respuesta.
No obstante le llamamos mamacita, como quien ama y llora a su madre amando todavía
su amor perdido; como quien ve pasar a una mona, a una güera, a una bella chola
regguetonera y quiere decirle: ¡Dame hijos! ¡Quiero ser uno contigo y morir de hambre
y de amor!
 
Aquí está una mujer investigando por el mundo la muerte como madre, enseñándonos
a nuestra madre muerte, hija de la vida.
 
Andrés Felipe Uribe Cárdenas, 31 de julio de 2019 Bogotá